XIX Domingo del Tiempo ordinario - Ciclo C

Domingo, Agosto 18, 2019

Este mundo contemporáneo vertiginoso y cambiante nos presenta e invita a vivir de diferentes formas realidades relacionadas con la misma vida, la familia, la justicia, la sexualidad, etc. Pareciera ser que la multiplicidad de propuestas logra confundir o desorientar a quienes por una u otra razón no tienen un punto de referencia claro, unos principios y valores que como los de la Iglesia, se constituyen como un faro que ilumina la existencia de los seres humanos permitiéndoles la toma de decisiones acorde con sus creencias, con su fe.

Pienso que lo que más incomoda al mundo de hoy respecto de la Iglesia es que siempre quiere "arruinar la fiesta". Me refiero a que ante las diferentes propuestas, los cristianos tratamos de confrontarlas con el mensaje de Jesucristo para confirmar si es una propuesta humanizadora que promulga un mundo mejor o simplemente es otra verdad a medias que degrada a la persona y hace el mundo más difícil. No es extraño para nosotros encontrar personas que bloquean y hasta ridiculizan a quienes hablan en nombre del Señor o a quienes promulgan el respeto y el acatamiento a los mandamientos de la ley de Dios; sin lugar a dudas, esta situación no es nueva para quienes proclaman la verdad, la justicia, la paz en nombre de Dios; ejemplo de ello es la situación del profeta Jeremías que se nos ha narrado en la primera lectura; situación que nos lleva a tomar el ejemplo de Jeremías como testimonio de fidelidad y amor a Dios incluso en medio de las dificultades.

Fijémonos entonces como la presión del nuevo orden social podría “obligar” al profeta de Dios a "matizar" su discurso o a proponer un discurso muy diplomático pero poco profético, frio, carente del poder transformador de Dios; es en esta situación como la palabra de Dios proclamada en este domingo nos recuerda a través de las palabras de Jesús, cuál podría o debería ser nuestra misión: "he venido a traer fuego a la tierra, y ¡cómo desearía que ya estuviese ardiendo¡" (Lc 12,49).

La historia de nuestra Iglesia católica nos permite constatar la existencia de muchos hombres y mujeres que siguiendo el ejemplo de Jesús, han llevado con su vida el fuego de la fe, el amor, la reconciliación, fuego que sigue ardiendo y que necesita ser avivado por nosotros los cristianos. Podríamos afirmar sin temor a equivocarnos, que ni siquiera nuestros propios pecados pueden disminuir la fuerza y el vigor de la verdad proclamada, el valor de tantos hombres y mujeres de Dios que no se aminoraron frente al estruendoso poder del mundo en que vivieron y hoy siguen siendo testimonio de fe, de verdad, de valor para que hoy, nosotros, profetas de nuestro tiempo, tengamos también la valentía de presentar la voluntad de Dios a nuestros hermanos. Decía la carta a los hebreos que leímos: "Por tanto, también nosotros, ya que estamos rodeados de tal nube de testigos, liberémonos de todo impedimento y del pecado que continuamente nos asedia y corramos con constancia en la carrera que se abre ante nosotros" (Hb 12,1).

Confrontar la vida y las prácticas del mundo contemporáneo con el evangelio es muy importante si queremos ser fieles a la voluntad de Dios. Hoy más que nunca, los bautizados debemos tener "ojos abiertos y oídos despiertos" para ver con claridad y escuchar las voces que nos dicen por dónde se mueve el mundo, cuáles son sus tendencias, anhelos y clamores; así, podremos ayudar a los hermanos en la búsqueda de todo lo que es bello, noble y justo. Es necesario dejar la preocupación excesiva por ser "popular" y tratar de identificar los signos de los tiempos en los cuales Dios se pronuncia o también el mal hace su aparición, el mismo Señor nos lo dice hoy en su palabra: "¡Hipócritas! Si sabéis discernir el aspecto de la tierra y del cielo. ¿cómo es que no sabéis discernir el tiempopresente?" (Lc12,56).

-Padre Ramón Zambrano-

Anteriores Homilias

  • Viernes, Diciembre 06, 2019

    La celebración que nos convoca hoy es muy, muy especial, es la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María. Esta celebración es de especial aprecio y agrado para todos aquellos que reconocemos en María a la Madre del salvador, a aquella mujer que intercede por nosotros ante su hijo, ante el padre.

  • Viernes, Noviembre 29, 2019

    Como lo habíamos recordado el pasado domingo cuando dábamos por terminado el año litúrgico con la celebración de la fiesta de Cristo rey; hoy iniciamos el nuevo año litúrgico con el domingo de adviento. A partir de hoy y durante estas cuatro semanas nos vamos a detener a reflexionar y a orar en una dimensión muy hermosa y profunda de nuestra fe: la alegre espera, la certeza que el que viene, el niño de Belén, llegará para salvarnos, para sembrar en nuestra vida el amor y la ternura propias de nuestro Dios.

  • Viernes, Noviembre 22, 2019

    Con la solemnidad de Jesucristo rey del universo que celebramos hoy, los católicos de todo el mundo damos por terminado el año litúrgico. En esta solemnidad hacemos memoria la proclamación definitiva del Padre del cielo quien nos recuerda como en su hijo se encuentra el fundamento de todas las cosas porque es en él donde Dios ha manifestado todo su señorío y su poder al constituir a Cristo como Señor de todos; es por ello que nosotros lo reconocemos como Rey del Universo.

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