SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA MADRE DE DIOS

Lunes, Enero 1, 2018

Números 6, 22-27         Salmo 67     Gálatas 4,4-7.        Lucas 2,16-21

 

Iniciamos un nuevo año bajo el signo de la bendición de Dios: "El Señor te bendiga y de guarde" (Nm 6,24). No existe  otro deseo de  Dios para cada uno de nosotros que siempre: " El Señor haga brillar su rostro sobre ti  te conceda su favor"(Nm 6,25). Tal vez al iniciar el año se pueda pensar que el signo de la bendición de Dios tiene que ver con la abundancia de bienes que el Señor nos pueda dar en este nuevo año, salud, mucho trabajo y la palabra más deseada  que da para todo y se desea: tener prosperidad. Pero realmente el deseo más grande de la bendición de Dios para este nuevo año es: " el Señor te muestre su rostro y te conceda la paz" (Nm6, 26)

Nada de lo que vivamos tendrá pleno sentido de bendición sino lo trazamos bajo el signo de la fe. En lo que tengamos que vivir, ¡sea lo que sea! descubriremos al Señor, su amor, su bondad su persona maravillosa dándole un sentido excepcional a nuestra existencia como hijos  y herederos de la gracia de nuestro Padre.

Por eso la Iglesia en el primer día del año presenta la figura de la bienaventurada virgen María, Madre de Dios. Ella, primera discípula de su Hijo nos puede ayudar en este año a descubrir el rostro del Señor que en cualquier acontecimiento de la vida nos da la gracia de asumirlo con gozo, paz, serenidad, incorporándolo al plan salvador de Dios. En este nuevo año aprendamos de los pastores, encontremos en todo a Jesucristo, aprendamos de María y José a inclinarnos siempre a la voluntad de Dios y a guardar en el corazón como contempladores al Señor que siempre nos sorprende y forma con su amor.

Nadie que viva en los acontecimientos diarios de la vida la acción salvadora de Dios, se queda sin la bendición del  Todopoderoso y recibir la bendición de Dios, como María, como José, como los pastores nos lleva a glorificar a Dios, a alabarlo por todo lo que nos permite ver de Él y a comunicar nuestra experiencia salvadora a los otros. Somos misioneros, portadores de la bendición de Dios para los otros, a  través de nuestras maneras de vivir y de ver el mundo, al ser testigos de lo que Dios ha hecho en nosotros podemos generar grandes revoluciones del amor divino que arranquen a los otros del odio y la desesperanza.

En este día, acudamos al templo y en la presencia del Señor  entreguémosle la vida y nuestras familias, participemos de la Eucaristía, recemos el santo rosario, mientras que vamos de camino, tracemos todo el año bajo el signo de la fe.

Con la bendición del Señor, en la compañía de María y José, caminemos como testigos privilegiados de la acción salvadora del Todopoderoso, viviendo el mejor año de nuestra vida. Amén.

 

Padre Ramón

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